BASKET EN A LAMA
Iniciamos este blog con una actividad de solidaridad en el centro penitenciario de A Lama, ubicada en la localidad del mismo nombre. Allí hay más de 1.000 reclusos y esperamos hacerles pasar un rato agradable.
DÍA: 11 DE MAYO DE 2013
HORA: 10.30
Dirigido a universitarios y jóvenes profesionales. Coordina: pablovarelav@gmail.com
Y por fin llegó el día tan deseado.
Un grupo de jóvenes profesionales que solemos jugar semanalmente una pachanga de baloncesto entre nosotros habíamos sido invitados por Cooperación Internacional ONG (Galicia) para una actividad de voluntariado que finalmente ha resultado muy especial e inolvidable: un partido de basket contra los presos del Centro Penitenciario de A Lama, en la provincia de Pontevedra.
El día se acercaba y -aunque nos hacía una cierta ilusión- no dejaba de ser un pequeño engorro eso de tener que madrugar un poco un sábado, desplazarse más de 40 kilómetros y demás.
Para todos suponía una nueva experiencia. El GPS nos llevó hasta el pueblo de A Lama por el camino más directo pero probablemente no el más rápido. Ya nos estaban esperando. El recibimiento fue muy grato por parte del grupo estable de voluntarios de esta prisión (Orden y Mandato de San Miguel Arcángel), capitaneados por el capellán del centro penitenciario, el ilustre Don Isaac: gracias a ambos ha sido posible esta actividad. (Al parecer no hay presupuesto para más funcionarios y es preceptivo que haya personal de confianza para acompañar a visitas).
Poco a poco fuimos entrando en ambiente; fuera móviles, monedas, objetos metálicos y demás. Control de documentos de identidad, escaneo de bolsas de deporte, arcos de seguridad... Para llegar al pabellón de deporte pasamos varias zonas de control y seguridad con sus respectivas puertas metálicas muy pesadas que se cerraban a nuestro paso. Psicológicamente te vas haciendo consciente de dónde estás. En esta cárcel de máxima seguridad hay más de 1.500 reclusos y 500 funcionarios. Nos asignaron los vestuarios y una vez cambiados accedimos al pabellón. Allí estaba el equipo de los presos con su equipación amarilla; saludos y sonrisas con cierta inquietud. Este año -por falta de presupuesto- no pueden participar en la liga, pero llevan años federados y lógicamente siempre tienen la ventaja de jugar como equipo local. Disponían de árbitros, jueces de mesa y marcador; para nosotros suponía mucho nivel pues sólo jugamos pachangas.
Desde luego en físico y altura nos imponían bastante, pero poco a poco se iba relajando el ambiente a base de descargar adrenalina subiendo y bajando la cancha. Los árbitros -reclusos formados por la federación gallega de baloncesto- nos echaban una mano con ciertas reglas que no conocíamos bien, así que todo era favorable a la convivencia. El partido fue muy intenso e igualado, pero en el último cuarto se distanciaron y ganaron merecidamente.
En el descanso y al finalizar el partido mantuvimos una pequeña tertulia con el equipo rival y surgieron comentarios muy interesantes. Fue una pena no poder disponer de más tiempo. Lo más sorprendente fue el saludo final uno por uno -todos con todos- porque nos agradecieron muchísimo que hubiéramos ido y nos pidieron insistentemente que volviéramos. Creo que a todos nos ha impactado esta pequeña pero intensa experiencia y oír hablar de la cárcel ya no será lo mismo a partir de ahora. Por motivos de seguridad no pudimos hacer fotos en el interior, pero ésta foto que incluimos quizá refleje un poco lo contentos que salimos exteriormente aunque sin duda hace falta vivirlo para saber los que sentimos por dentro, a pesar de la derrota.
Volveremos.
Dirigido a universitarios y jóvenes profesionales. Coordina: pablovarelav@gmail.com
Y por fin llegó el día tan deseado.
Un grupo de jóvenes profesionales que solemos jugar semanalmente una pachanga de baloncesto entre nosotros habíamos sido invitados por Cooperación Internacional ONG (Galicia) para una actividad de voluntariado que finalmente ha resultado muy especial e inolvidable: un partido de basket contra los presos del Centro Penitenciario de A Lama, en la provincia de Pontevedra.
El día se acercaba y -aunque nos hacía una cierta ilusión- no dejaba de ser un pequeño engorro eso de tener que madrugar un poco un sábado, desplazarse más de 40 kilómetros y demás.
Para todos suponía una nueva experiencia. El GPS nos llevó hasta el pueblo de A Lama por el camino más directo pero probablemente no el más rápido. Ya nos estaban esperando. El recibimiento fue muy grato por parte del grupo estable de voluntarios de esta prisión (Orden y Mandato de San Miguel Arcángel), capitaneados por el capellán del centro penitenciario, el ilustre Don Isaac: gracias a ambos ha sido posible esta actividad. (Al parecer no hay presupuesto para más funcionarios y es preceptivo que haya personal de confianza para acompañar a visitas).
Poco a poco fuimos entrando en ambiente; fuera móviles, monedas, objetos metálicos y demás. Control de documentos de identidad, escaneo de bolsas de deporte, arcos de seguridad... Para llegar al pabellón de deporte pasamos varias zonas de control y seguridad con sus respectivas puertas metálicas muy pesadas que se cerraban a nuestro paso. Psicológicamente te vas haciendo consciente de dónde estás. En esta cárcel de máxima seguridad hay más de 1.500 reclusos y 500 funcionarios. Nos asignaron los vestuarios y una vez cambiados accedimos al pabellón. Allí estaba el equipo de los presos con su equipación amarilla; saludos y sonrisas con cierta inquietud. Este año -por falta de presupuesto- no pueden participar en la liga, pero llevan años federados y lógicamente siempre tienen la ventaja de jugar como equipo local. Disponían de árbitros, jueces de mesa y marcador; para nosotros suponía mucho nivel pues sólo jugamos pachangas.
Desde luego en físico y altura nos imponían bastante, pero poco a poco se iba relajando el ambiente a base de descargar adrenalina subiendo y bajando la cancha. Los árbitros -reclusos formados por la federación gallega de baloncesto- nos echaban una mano con ciertas reglas que no conocíamos bien, así que todo era favorable a la convivencia. El partido fue muy intenso e igualado, pero en el último cuarto se distanciaron y ganaron merecidamente.
En el descanso y al finalizar el partido mantuvimos una pequeña tertulia con el equipo rival y surgieron comentarios muy interesantes. Fue una pena no poder disponer de más tiempo. Lo más sorprendente fue el saludo final uno por uno -todos con todos- porque nos agradecieron muchísimo que hubiéramos ido y nos pidieron insistentemente que volviéramos. Creo que a todos nos ha impactado esta pequeña pero intensa experiencia y oír hablar de la cárcel ya no será lo mismo a partir de ahora. Por motivos de seguridad no pudimos hacer fotos en el interior, pero ésta foto que incluimos quizá refleje un poco lo contentos que salimos exteriormente aunque sin duda hace falta vivirlo para saber los que sentimos por dentro, a pesar de la derrota.
Volveremos.
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